1 septiembre, 2011
Alcaloides Pirrolizidínicos en Miel ¿nuevo problema o no es ninguna novedad?
Se ha desarrollado un método analítico capaz de determinar en miel la presencia de los alcaloides pirrrolizidínicos prevalentes en Sudamérica
 

Alcaloides Pirrolizidínicos en Miel

Los alcaloides pirrolizidínicos (AP) y sus N-óxidos son un grupo amplio de metabolitos secundarios producido por ciertas plantas, que pueden resultar hepatotóxicos. Algunos han demostrado tener efectos genotóxicos y carcinogénicos. La molécula de AP comprende un heterociclo pirrolizidínico, con un grupo metilo y un sustituyente hidroxilo (necina). Para que la sustancia sea tóxica, debe presentar una insaturación entre las posiciones 1 y 2 del heterociclo, y una esterificación selectiva del grupo hidroxilo adjunto a la necina.

Dadas todas las combinaciones químicas posibles de estas estructuras, podría haber más de 600 moléculas diferentes de alcaloides pirrolizidínicos, y hasta el momento se han identificado más de 350 en diversas plantas de todo el mundo.

Si bien más de 6000 especies de plantas son productoras de alcaloides pirrolizidínicos, son pocas las familias botánicas que en general los producen. Estas sustancias se encuentran principalmente en Boraginaceae (varios generos), Asteraceae (tribus Senecioneae y Eupatorieae), Orchidaceae (9 generos) y Fabaceae (genero Crotalaria). Sólo el ubicuo género Senecio, representa más de 3000 especies distribuidas en todo el globo.

Dado que presentan efectos antialimentarios sobre insectos herbívoros no especializados, se considera que son parte de las estrategias defensivas de las especies vegetales que los producen. Varios insectos han desarrollado, sin embargo, mecanismos a través de los cuales secuestran AP utilizándolos para su propia defensa porque también actúan como repelentes frente a polillas, mariposas y escarabajos, sus potenciales depredadores.

Se han registrado numerosos casos de intoxicaciones de diversa gravedad por consumo de infusiones medicinales a base de hierbas locales que producen estas sustancias. Asimismo, ha habido epidemias causadas por intoxicación con AP, debido a que varias especies productoras de alcaloides invaden cultivos como el maíz y la soja y contaminan la cosecha. También se han registrado casos de lactantes afectados en animales y humanos, con síntomas de la enfermedad debido a que los PAs pasan a la leche materna y de vaca. Los AP no son tóxicos por sí mismos, sino a través de sus productos metabólicos, ya que son transformados por las enzimas hepáticas citocromo P-450 en pirroles, que son los que causan daño a nivel cromosómico.

Se conoce desde hace más de 30 años que los AP pueden estar presentes como contaminantes naturales en alimentos como leche, huevos y mieles monoflorales, en las cuales la fuente principal de néctar proviene de plantas productoras de alcaloides pirrolizidínicos.

Actualmente, los desarrollos recientes logrados en química analítica instrumental han mejorado la sensibilidad y el alcance de los métodos de análisis en el laboratorio, lo cual a su vez, ha posibilitado el descubrimiento varios de estos AP tóxicos en un amplio porcentaje de mieles de todo el mundo, por debajo de las concentraciones reportadas originalmente en aquellos casos de mieles especiales. Sin embargo, las cantidades observadas son muy diversas, a tono la variabilidad de la flora visitada por las abejas.

Sin bien esto puede resultar novedoso, sin embargo es razonable y hasta era de esperarse. Por el hecho de ser analizada por primera vez con equipamiento analítico capaz de discernir pequeñas concentraciones de alcaloides, la miel no deja de tener la misma composición desde tiempo inmemoriales, de modo a lo largo de toda la historia de la humanidad se ha consumido miel con cantidades variables de PA, sin que se hayan reportado jamás casos de intoxicación por su consumo.

Si bien los estudios de toxicidad y de evaluación de riesgo aún se están desarrollando, algunos países han establecido pautas regulatorias como marco de referencia. En base a estas escasas referencias, y considerando que 20 g de miel por día responde a un patrón de consumo elevado de este producto (20 gr es lo que contiene una porción individual de miel en un envase típico para catering), se puede estimar que para un consumidor promedio, resultaría inconveniente la ingesta de miel que contenga más de:

  •  50 ppb de AP (extrapolando regulación alemana en la cual se establece que 1 ug/día puede ser el límite máximo de consumo de AP contenidos en hierbas medicinales, durante no más de 6 semanas)
  • 3000 ppb de AP (según estándar alimentario Australiano, donde se ha fijado provisionalmente en 1 ug/kg peso corporal/día, la dosis diaria tolerada para estas sustancias)

Es evidente necesidad de recopilar aún más información y avanzar en la estandarización de criterios para el análisis de estas sustancias en miel, para establecer más claramente un nivel máximo de referencia, que permita tomar medidas razonables en relación a estos contaminantes en alimentos, en particular la miel, que resulta en muchas ocasiones un portador natural de estas sustancias en forma diluída. Este nivel máximo de APs en miel debería ser tal, que además de brindar seguridad a los consumidores, no se convierta en un obstáculo para el comercio de este producto, ya que en toda la historia de la civilización y aún ahora, el consumo de miel natural nunca estuvo vinculado a un riesgo para la salud por su composición íntrínseca, sino todo lo contrario.

No obstante, a partir del conocimiento actual de la efectiva ocurrencia de estas sustancias en miel, no estará de más tratar de evitar que haya plantas de los géneros Senecio, Eupatorium y Echium como principal fuente de nectar en los apiarios, para evitar casos de mieles con concentraciones particularmente altas de APs.

Durante la etapa de producción apícola resulta difícil controlar la ocurrencia de pecoreo en estas plantas, y por lo tanto, regular la concentración de APs en la miel, dado que es un producto fuertemente vinculado al entorno natural de la colmena. Pero al menos puede implementarse un programa de monitoreo y control de AP previamente a la comercialización de este producto, que permita identificar mieles que eventualmente tuviesen cantidades de APs excesivamente elevadas.

Por todas estas razones, en el Laboratorio Melacrom se ha desarrollado un método analítico capaz de determinar en miel la presencia de los alcaloides pirrrolizidínicos prevalentes en Sudamérica, utilizando UPLC MSMS.

Esta herramienta analítica permite mensurar la cantidad de estos alcaloides si están presentes en una muestra de miel, y de identificar el origen botánico de los mismos. Y se espera que por aplicación de este método, se pueda brindar mayor confianza a los consumidores de hoy, acerca de la calidad de la miel que consumen.